Una chispa judía reavivada en China

Una chispa judía reavivada en China

Un descendiente de lo que alguna vez fue una comunidad judía próspera y floreciente localizada en la zona sur del río Amarillo de China, Shi Lei está actualmente enrolado en una Yeshiva de Jerusalem, estudiando hebreo y aprendiendo sobre la historia y la cultura judía.

Shei Lei es el heredero de un legado orgulloso que fue trasmitido de padre a hijo por generaciones. Sus ancestros fueron judíos chinos, parte de una comunidad que durante casi un milenio gozó de relaciones pacíficas con sus vecinos chinos.

“Mis ancestros vinieron de Kaifeng, China hace unos mil años,” dice Shi Lei. “En 1163, los judíos en mi ciudad compraron un pedazo de tierra en el área céntrica de Kaifeng y levantaron una sinagoga, la cual existió por 700 años aproximadamente, antes de caer en ruinas”.

China proporcionó a sus judíos una bienvenida y un hogar confortable, libres de muchas de las inseguridades que plagaron a las comunidades judías en otras partes de la diáspora. No existen registros conocidos de incidentes antisemitas en China y los judíos eran libres de desempeñarse en comercio y profesiones.

En su cúspide, durante la dinastía de Ming (1368-1644), había en Kaifeng unos 5000 judíos. Preocupados, posiblemente, por su sentido comunitario de memoria colectiva, los judíos de Kaifeng decidieron levantar un monumento donde inscribieron la historia de su estancia en la China. Dos de estas piedras, erigidas en 1489, 1512, 1663 y 1669, ahora se encuentran en el Museo Municipal de Kaifeng, un testimonio perdurable de la vida judía que alguna vez prosperó allí.

De acuerdo a la Dr. Wendy Abraham, una prominente estudiosa de la historia judía en Kaifeng, muchos judíos chinos ocuparon altos rangos en el sistema de servicios civil chino en el siglo XVII. Pero a mediados del siglo XIX, se expandió la asimilación y el matrimonio mixto, prácticamente borrando la práctica y el conocimiento de los judíos en China. Después que el último rabino de la comunidad murió en la primera mitad del siglo XIX, la comunidad judía de Kaifeng se disolvió. Hoy en día, no hay una comunidad en Kaifeng per se, sólo unos pocos cientos de individuos que se identifican como descendientes de la comunidad judía de la ciudad.

“No hay rabino ni sinagoga. No quedó nada, solo la memoria. Sólo la memoria”, dice Shi Lei.

Fue el deseo apasionante de investigar esa memoria lo que llevó a Shi Lei a venir a Israel. De chico, Shi Lei recuerda que su padre y otros miembros de su familia le contaban que él era de descendiente de judíos. “Mi padre me dijo: ‘tu eres judío’, pero yo no sabía el significado detrás de esa palabra. ¿Qué es un judío? ¿Qué es el judaísmo? No sabía tanto. Todo lo que sabía era la palabra ‘judío’ y ‘judaismo’”, dice.

El abuelo de Shi Lei le relataba las memorias distantes que todavía preservaba de la práctica judía. “Cuando mi abuelo era niño, quizás cuando tenía ocho años, vio la celebración de Pesaj,” dice Chi Lei. “Su padre, el abuelo de mi padre, usaba una brocha de escribir tradicional china para sumergir la sangre de pollo mezclada con agua. Después marcaba el portal de la casa con esto”. Los ecos rituales del mandamiento bíblico dado por Di-s a los hijos de Israel antes del éxodo de Egipto.

Otras vagas memorias de las costumbres judías fueron trasmitidas. “Mi abuelo, cuando era un niño vio unas kipas que fueron puestas en la cesta de medicinas de su madre. Pero mi abuelo no sabe cuando”, dice Shi Lei. Pero incluso estas reminiscencias de ritual judío han sido perdidas con el pasar del tiempo: “Ahora, tantas cosas sencillamente desparecieron. No sabemos por qué, simplemente desaparecieron – kipot, y también la celebración de Pesaj. Ya no lo celebramos más”, dice Shi Lei algo melancólico.

Al crecer, Shi Lei leyó todo lo que pudo encontrar sobre la historia y la cultura judía, lentamente expandiendo la base de sus conocimientos sobre la forma de vida de sus ancestros. “En la medida que mi conocimiento iba aumentando, gradualmente, poco a poco, más y más, fui teniendo un fuerte deseo de estudiar judaísmo e historia judía”.

En julio del 2000, Shi Lei conoció al rabino Marvin Tokayer de Great Neck, Nueva York, quien estaba conduciendo un grupo de turismo y estudio en China, como tantas otras veces en las pasadas dos décadas. El Rabino Tokayer, anteriormente Gran Rabino del Japón y autor de unos 28 libros sobre judíos y el Lejano Oriente, quedo profundamente impresionado por Shi Lei y su sinceridad al explorar su herencia. El Rabino Tokayer siempre ha estado preocupado por la desaparición de la comunidad judía de Kaifeng in el siglo XIX, diciendo, “nadie fue a ayudarlos, y los dejamos desaparecer. Esto me inquieta hasta el día de hoy”. Su encuentro con Shi Lei, entonces, fue especialmente fortuito. “De pronto,” dice, “conocí una persona recién graduada en China, quien sabía bien inglés y era un descendiente directo de las familias judías originales. Él está orgulloso de sus ancestros y ansioso de estudiar.” Después que Shi Lei sirvió de guía para el grupo turista del Rabino Tokayer en Kaifeng, los participantes  se enamoraron del joven estudiante chino. Después de consultarlo con Shi Lei y su familia, el Rabino Tokayer contactó a la Universidad de Bar Ilan en Israel y organizó para incluirlo en un programa académico de un año.

Shi Lei estaba emocionado con la perspectiva de estudiar sobre las tradiciones y cultura judías. “Después de saber que yo soy judío y que mi tierra ancestral es Israel”, dice él, “tenía un fuerte deseo de ir a Israel a estudiar. El Rabino Tokayer contactó a la Universidad de Bar Ilan y la universidad prometió darme una beca completa ya que no gozo de recursos personales”. Gracias a la generosidad de la universidad, junto a algunos fondos de los miembros del grupo turista del Rabino Tokayer, Shi Lei pasó un año en la escuela antes de trasladarse a profundizar sus conocimientos judíos en la Yeshiva en Jerusalem.

Como el primer descendiente de la judería de Kaifeng que viene a Israel a estudiar, Shi Lei frecuentemente despierta mucha curiosidad e interés. Cuando él comenta a la gente de sus ancestros judíos, él dice, “la primera reacción de algunos es sorpresa, sorpresa, sorpresa, después de la cual siempre me hacen preguntas sobre los judíos y sobre la historia de los judíos en China”.

Él está agradecido con el gobierno chino, el cual le permitió estudiar en Israel, y dice que las relaciones entre China y el estado judío son amistosas.

Shi Lei anima a judíos norteamericanos e israelíes a visitar China, y a aprender más sobre la historia de la comunidad judía de Kaifeng. Esas visitas, dice él, son “realmente de ayuda para los descendientes judíos en Kaifeng, porque ellos nos pueden contar más sobre la historia y las tradiciones judías. La mayoría de nosotros no sabemos nada sobre judaísmo o historia judía”. En el pasado, visitantes enviaron libros judíos y otros materiales a los judíos de Kaifeng, lo cual les ha ayudado a profundizar el conocimiento sobre sus raíces.

Al haberle preguntado por el número de descendientes judíos en Kaifeng, Shi Lei comenta, “para decir la verdad, yo no sé cuanta gente en Kaifeng se identifica con el judaísmo. Hace unos diez años atrás, el anterior director del Museo Municipal de Kaifeng, Wang Yisha, condujo una investigación sobre el tema. En ese entonces, más de 300 se identificaban como judíos”.

Todos los descendientes judíos pertenecen a uno de los siete clanes, cada uno identificable por su apellido. Según la leyenda, durante la dinastía de Song hace más de mil años, un emperador chino, incapaz de pronunciar los nombres judíos en hebreo, confirió su apellido y el apellido de seis de sus ministros a los judíos chinos. Estos siete nombres – Zhao, Li, Ai, Zhang, Gao, Jin y Shi – fueron usados por los judíos de Kaifeng por siglos, y es al clan de Shi que Shi Lei ubica sus propias raíces.

Pero incluso entre aquellos que conservan la memoria de su herencia judía, no hay una vida comunitaria activa. “Cada familia judía en Kaifeng,” dice Shi Lei, “cada familia es huérfana, una isla en un lago, de modo que una familia no está en contacto con la otra y no se conocen”. “Cuando el año nueva chino llega, otras personas del clan de Shi, vienen a la casa de mis abuelos y los visitan de modo que en dicha ocasión nos podemos conocer mutuamente. Así que puedes ver que esto es sólo una cuestión de individuos”.

Sin embargo, Shi Lei ha llegado a conocer algunos otros descendientes de judíos en la ciudad. “Como nos vienen a visitar frecuentemente turistas extranjeros, creció la necesidad de elegir algunos representantes de cada familia, los cuales se sientan juntos, conversan y se encuentran con los grupos visitantes. De este modo cada vez conocemos más descendientes de judíos en la ciudad”.

El terreno de la antigua sinagoga de Kaifeng ahora sirve de hospital. Está contiguo al camino de Jiao Ping, en chino “El camino de la enseñanza de las escrituras”, el cual pasa por lo que fue uno de los distritos judíos de Kaifeng. A pesar que la sinagoga fue renovada y reconstruida una docena de veces en los siglos posteriores a su establecimiento, en 1860 ya no estaba más. En 1866, el Reverendo W.A.P. Martin visitó Kaifeng y escribió que el único vestigio de lo que alguna vez fue una hermosa sinagoga era una única y solitaria piedra. Ahora, cerca de un siglo y medio después, incluso esta piedra no se encuentra. ¿O si?

Interesantemente, cuando le pregunté a Shi Lei el significado de su nombre en chino, me contó que traducido de forma aproximada significa “piedra fuerte”. No puede evitar conmoverme por el simbolismo. Aunque la vida judía en Kaifeng, así como la sinagoga que alguna vez mantenía, se ha desdibujado desde tiempo atrás, una única piedra, una de carne y hueso, aun está en pie, orgullosamente aferrado a la herencia de sus ancestros y reclamándola decididamente. Esta piedra, obviamente, es Shi Lei. Y, como su nombre lo indica, es una piedra de fuerza y determinación.

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Tzivia Kusminsky
Tzivia Kusminsky
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