Pavel Kzanichev (Zanin)

Pavel Kzanichev (Zanin)

¡Shalom a todos!
Hablamos con Pavel Kazantzev (Zanin), que es sobotnik y vive en Zima:
-Por favor, Pavel, cuéntanos a mí y a nuestros amigos en Jerusalén sobre tu vida, tu historia, la de tu padre y la de tu abuelo.

Pavel dice que los sobotniks llegaron a Zima en el siglo XIX, desde diversas zonas de Rusia central. Su padre era judío, pero su madre era sobotnik. Reitera una vez y otra que los sobotniks fueron enviados a Siberia desde Rusia central.
Pavel se corrige y dice que su bisabuela materna no llegó de Rusia central sino de Ucrania, de la zona de Poltava, y a su marido (que era judío), lo conoció allí, cuando viajó a esa región en una misión de trabajo.

Pavel cuenta que sus bisabuelos maternos no fueron enviados a Zima desde Siberia, sino que llegaron allí por su propia voluntad, porque en Poltava no los dejaban vivir tranquilos y también porque había quienes se oponían a la boda; por eso abandonaron la región y viajaron a Siberia, en busca de una vida nueva en un lugar nuevo.

Llegaron a Zima a fines del siglo XIX, se establecieron allí y allí nació su hijo mayor, llamado David.
Su bisabuela materna provenía de una familia adinerada, y su bisabuelo materno era un asalariado; así se conocieron. La familia se oponía a la boda y por eso se encontraron a punto de huír de Poltava a Siberia.

Pavel dice que por vía paterna había un hombre llamado Daniel, que en tiempos del zar Alejandro I era oficial del ejército, y que por eso recibió una parcela. Junto a Zima creó una zainka llamada Sanimo, porque su apellido era Sanim. Pavel explica que Daniel era, por lo visto, un “campanista”, porque decía que lo llamaban judío, kishunek, es decir, “despellejado”, y por eso cree que era un “campanista”.

Los hermanos de Pavel se llaman Matitiahu e Iaacov. Todos los nombres eran judíos.
El padre de Pavel murió cuando su hijo era joven; por eso no conoce tanto la historia de su familia paterna, y habla más de la historia de su familia materna.

Su madre había nacido en la zainka Sanimo, y también él nació allí. Cuando tenía siete años se trasladaron a Zima.
Pavel señala que casi no conoce la tradición de los sobotniks, porque su abuelo y su padre no le contaron muchas cosas por temor al gobierno. Algunas veces su abuelo le hablaba de la vida en la zainka Sanimo, cómo celebraban las festividades y cómo cuidaban el Shabat. Cuando pasaron a Zima, lo que recuerda de su infancia es que los niños de Zima los llamaban sobotniks, y a sus hijos los llamaban djidim.

Pavel explica que los sobotniks no sólo temían ser sobotniks y que sus amigos también lo fueran, sino que aquéllos que buscaban otras raíces no querían ser judíos o sobotniks. Así, por ejemplo, un hermano de Pavel pensaba que eran de origen cosaco por su apellido Kazantzev, que suena un poco parecido a “cosaco”. Pavel agrega que su hermano empezó a buscar sus raíces y finalmente llegó a los sobotniks, pero no encontró ningún cosaco. Actualmente vive en Irkutsk.

Pavel dice que a los familiares de su padre (dos tías), no les gustaba definirse como “hebreas” porque la palabra “hebreo” tiene connotaciones despectivas, y decían que no eran “hebreas” sino judías, ya que eso parecía más respetable.

Pavel habla también de su abuela. Ella les contaba siempre a sus familiares que según la tradición de los sobotniks y los judíos, “el zar nos envió a Siberia y nosotros marchamos con cadenas en los pies”‘, y agregaba que “muy pronto habrá de llegar el momento en que nos traten con respeto, y haremos aliá a la Tierra de Israel”.

Pavel dice que él quiere hacer aliá, y que hace ya muchos años que se siente identificado con Israel. Añade que a pesar de no ser muy joven (tiene 40 años), quiere hacer aliá y vivir en Israel, aportar al país, construirlo; está dispuesto también a cumplir el servicio militar en la medida en que sea necesario; es decir, quiere alcanzar a hacer aliá y contribuir con la construcción de Israel.

Pavel añade que, a pesar de que desde la infancia vive inmerso en la cultura rusa y todos los que lo rodean son rusos, de alguna manera nunca se sintió allegado a la cultura rusa; es decir, siempre buscó una cultura que le fuera propia, diferente de la cultura rusa.

Vuelve a mencionar el miedo al gobierno y dice que cuando eran niños, él y sus hermanos solían preguntar a su madre: “Mamá, dinos, ¿somos judíos? ¿Qué somos?” y la madre les respondía: “No me pregunten”. Pavel cree que decía eso porque tenía miedo y no quería contarles, para no ponerse en peligro ella misma ni a los niños.

Pavel nos cuenta que cuando los sobotniks abandonaron sus aldeas, las zainkas, no lograron preservar sus tradiciones porque en la ciudad todos podían verlos celebrar las festividades, y en esas circunstancias temían mostrar a los demás que eran sobotniks, por el miedo al gobierno.

Agrega que a pesar de haber abandonado la zainka a los siete años, hay varias cosas que no ha olvidado de allí. Lo que más recuerda es cómo celebraban los sobotniks de la zainka la festividad de Sucot. Explica que a pesar de que en la época de Sucot ya empieza a hacer frío en Rusia, a veces permanecían mucho tiempo sentados en la sucá, pero otras veces sólo entraban en ella, comían algo y volvían a las casas, porque ya nevaba.

Pavel dice que su madre le había contado que los sobotniks enterraban a sus difuntos de manera diferente a la acostumbrada en Rusia. Por ejemplo, le contó que el abuelo de Pavel era el responsable del cementerio de los sobotniks en la zainka, y cuando sepultaba a alguien vestía ropa especial y leía ciertas plegarias.

Pavel añade que su abuelo y sus hermanos eran campesinos muy buenos, y que la gente de la región los envidiaba porque su abuelo tenía muchos campos y muchos bienes; era un hombre bastante rico.

Muchas gracias, Pavel.
Pavel pide disculpas por no saber hablar muy bien, pero con sus palabras sencillas ha tratado de explicar la historia de su familia.

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Tzivia Kusminsky
Tzivia Kusminsky
tzivia@shavei.org