El renacimiento de una antigua judería italiana

El renacimiento de una antigua judería italiana

No es sorprendente oír que la vida judía en Italia, a través de los siglos, constituye un importante capítulo dentro de la historia judía. Podríamos fácilmente captar su dimensión con sólo mencionar a figuras renombradas como Leone Ebreo (Iehuda Abarbanel), el célebre pensador medieval; el rabino Moshe Chaim Luzzatto, el erudito y kabalista cuyos escritos siguen brillando entre los libros del pensamiento judío y Primo Levi, el italiano Judío que sobrevivió a la Shoa y trasmitió esa experiencia con lucidez al mundo.

Pero, ¿con qué frecuencia escuchamos que los descendientes de una comunidad en ruinas y expulsada de sus asentamientos hace unos quinientos años comienzan a reclamar su identidad religiosa y nacional? Esto es precisamente lo que ha estado sucediendo en Sicilia, la isla italiana meridional que fue una vez un emirato árabe, y que actualemente carece de una comunidad judía organizada.

Como parte de las actividades en el marco de las “Jornadas europeas de la cultura judía”, trescientas personas se reunieron el último 18 de septiembre en Palermo – Sicilia (entre ellos varios descendientes de Bnei Anusim) para juntos celebrar la cultura judía.

La iniciativa en Italia tuvo lugar en más de 70 localidades, exponiendo este año el tema “lenguas y dialectos hebreos”. En su ubicación de Palermo, las actividades se dividieron entre visitas a sitios judíos, música y una conferencia en la que intervino el emisario de Shavei Israel para el sur de Italia y Sicilia, el Rabino Pierpaolo Pinjas Punturello, junto con varios profesores en el campo de la lingüística hebrea.

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Las visitas cubrieron el área de la Guidecca, el Archivo Histórico Comunal y el Palacio Marchesi, mientras que como cierre de las actividades el conjunto Tahev Shir realizó un concierto centrado en la música sefardí y ashkenazí. Los eventos fueron organizados por Shavei Israel en coordinación con el municipio y las organizaciones culturales locales.

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A través de estas actividades, estos descendientes de los judíos que se vieron obligados a adoptar el catolicismo tuvieron la posibilidad de volver a conectarse con la cultura judía, y en este sentido, rastrear sus raíces.

Sus antepasados, aunque obligados a abandonar el judaísmo, siguieron manteniendo en secreto su identidad judía a pesar del terror y la opresión que representaba la Inquisición, y hoy ellos mismos, ya sea en el sur de Italia o en Sicilia, toman el camino hacia sus raíces. “El regreso del pueblo judío es un testimonio notable sobre el poder de la memoria colectiva judía, junto con nuestro deber histórico y moral de llegar a ellos, recibiéndolos de regreso al pueblo judío”, declara Michael Freund, presidente de Shavei Israel, La organización más grande y antigua que trabaja con Bnei anusim en Italia y en todo el mundo.

La historia de la judería siciliana, probablemente se remonta a los años anteriores a la destrucción del Segundo Templo y el exilio de los judíos. Sabemos que después de este trágico episodio, muchos judíos llegaron como esclavos.

A lo largo de los siglos la comunidad floreció con grandes rabinos y eruditos, a pesar de haber vivido múltiples persecuciones y ejecuciones. En el siglo XIV y bajo la presión del gobierno español, la situación se deterioró en tal medida que se establecieron guetos, y para aquellos que se resistían a abrazar el cristianismo, la vida cotidiana se hizo terrible, alcanzando su apogeo con la expulsión definitiva de los judíos (52 comunidades en toda Sicilia) en 1510, un número estimado de 37.000. Los que se quedaron fueron convertidos a la fuerza, con el ojo omnipresente de la Inquisición siempre vigilante de cualquier actividad religiosa ilegal.

Algunos, pudieron trasladarse a regiones italianas vecinas como Nápoles y Calabria, así como muchos judíos españoles lo hicieron en su momento, entre ellos el renombrado Don Isaac Abarbanel, erudito y empresario que había servido como ministro en España. La Inquisición en el sur de Italia duró hasta el siglo XVII y posiblemente más tarde, quemando a anusim y sus descendientes en la hoguera. Afortunadamente, no pudieron impedir que la identidad judía se transmitiera de generación en generación, haciendo posible que hoy estos mismos descendientes emprendan lentamente el camino de regreso a sus raíces judías.

“La celebración de la cultura judía en Palermo subraya la fuerza del espíritu judío y el conmovedor hecho de darse cuenta una vez más de que ni la expu
lsión ni la Inquisición lograron extinguir la chispa judía”, concluye Freund.

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Iehuda Katz
Iehuda Katz
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